Escrito por Tendenzias

La historia de Mercedes Benz (1834-1899). Las etapas (primera parte)

Normalmente, en el caso de inventos tecnológicos que nos cambian la vida, como el vuelo al motor o la fotografía, resulta difícil determinar con precisión el momento exacto de su invención. No obstante, por lo general, uno o dos acotamientos importantes pueden considerarse los momentos decisivos. Esto también es valido en el caso de los automóviles, pues la idea de un coche sin caballos puede remontarse a los cuadernos de Leonardo Da Vinci y su Codice Atlántico. En 1796 ya había vehículos que se autopropulsaban, diseñados por Cugnot, en realidad aquellas enormes máquinas de vapor eran más bien un ferrocarril de dos plazas, un medio de transporte muy poco práctico.

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Los franceses se enorgullecen de ser los inventores del automóvil, hecho que justifican con la patente de un modesto invento de Edouard Delamare-Debouteville, con fecha de 1884. Sin embargo, una gran explosión destruyo todo su trabajo, Edouard abandono y se dedico a la cría de otras.

También los italianos reclaman su parte: Enrico Bernardi patento un pequeño motor en 1882, y dos años después, lo instalo en un gran vehículo de tres puertas. Con menos de un cuarto de caballos de vapor, cabria dudar que su invención fuese capaz de moverse. Todos estos carruajes y bicicletas autopropulsados forman parte de los antecedentes de diversos experimentos, a menudo malogrados, que conducirían al desarrollo final del automóvil propiamente dicho.

Este gran invento llego al final de su periodo de 200 años, entre 1700 y 1900, conocido como la Revolución Industrial. Fue una época de imparable progreso tecnológico, cuyo inicio estuvo marcado por la máquina de vapor de Newcomen, un invento que a su vez ofreció un sinfín de nuevas oportunidades en la industria, donde las máquinas empezaban a sustituir el trabajo manual. Esta actividad creativa empezó a cambiar el mundo, nada volvería a ser como antes.

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Gottlieb Daimler (1834-1900)

Al cabo de 50 años, otro ingeniero, James Watt, mejoro la máquina de Newcomen, de modo que a principios del siglo XIX la mayoría de los barcos navegaban a vapor, en vez de a vela. Hacia 1830 George Stephenson diseño una locomotora que transportaba pasajeros de Londres y Liverpool, y muchas emprendedoras hicieron fortuna con el ferrocarril. Se podían diseñar embarcaciones con motores cada vez más grandes y, así, en 1840 un barco de vapor cruzo el Atlántico.

Surgía todo un mundo para el transporte de pasajeros, aunque para el transporte de pasajeros, aunque para el transporte individual el caballo seguía siendo la única opción. No obstante, el progreso era imparable y ahora se podían explotar nuevas fuentes de energía. El primer pozo de petróleo comercial se perforo en Pensilvania en 1859. Había nuevos y mejores materiales disponibles: por ejemplo, el desarrollo del horno de solera de Siemens en 1866 proporciono al mundo un acero de mejor calidad.

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El taller de Gottlieb Daimler en Cannstatt

Pero fue un año después, en 1867, cuando se desvelo una nueva máquina que supondría un cambio más radical: el motor de combustión. Se presentó en la Feria Mundial de París y causo un impacto inmediato, aunque, como ocurre con los grandes avances tecnológicos, su desarrollo fue un proceso de unos 200 años.

El principio básico de un motor de combustión se atribuye a Christiaan Huygens; su diseño de 1673 fue modificado posteriormente por Jean Hautefeuille mientras proyectaba el sistema de riego de los jardines del palacio de Versalles. Por desgracia, el motor de combustión tuvo muchos problemas al principio y su desarrollo quedo en hibernación, mientras los ingenieros se centraban en la máquina a vapor, con resultados más satisfactorios.

Los primeros motores de combustión eran alimentados por gas y presentaban varias ventajas claras: no emitían humos, no necesitaban caldera y se podían encender con relativa facilidad. Los defensores de la máquina a vapor sostenían que, aunque los motores de gas no necesitaban calentarse, requerían que una persona los lubricare con frecuencia para velar por su correcto funcionamiento. En efecto, el motor de gas funcionaba, pero su aplicación práctica aun debía perfeccionarse.

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Museo Mercedes Benz, de frente el Petroleum Reitwagen

Uno de los principales exponentes del motor de gas fue Jean-Joseph-Etienne Lenoir. Su motor llamo la atención de un joven ingeniero alemán, Nikolaus August Otto, quien decidió su vida profesional al desarrollo de motores e instintivamente identifico los puntos débiles del motor de Lenoir.

En 1863 prácticamente había solucionado los principales problemas del motor atmosférico de gas, y en 1864, fundo N.A Otto & Co. con su socio Eugen Langen. Otto podría haber diseñado un automóvil con su motor, que precomprendia una mezcla de gas y aire, conjuntamente con su encendido eléctrico, que hacia viable el uso de combustibles líquidos. El principal problema del motor de Otto era que sus diseños eran demasiado grandes y pesados, algo que lo limitaba a usos estacionarios. Además de sus investigaciones sobre el motor a gas, también trabajo en un motor de cuatro tiempos, aunque con resultados menos satisfactorios.

Continúa en la próxima entrega.

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