¿Cuál fue el primer coche con aire acondicionado?

Hablar del primer coche con aire acondicionado es hablar de historia, de comienzos y de cambios, de las grandes hazañas que se vivieron en el año 1884 o en el 1939 en el sector automovilístico. Vivir en este presente nos permite disfrutar de los logros de otros como si fuese lo natural, lo de toda […]

Hablar del primer coche con aire acondicionado es hablar de historia, de comienzos y de cambios, de las grandes hazañas que se vivieron en el año 1884 o en el 1939 en el sector automovilístico.

Vivir en este presente nos permite disfrutar de los logros de otros como si fuese lo natural, lo de toda la vida, sin ser conscientes de los grandes pasos y quebraderos de cabeza que han tenido que superar durante años grandes investigadores, hasta conseguir lo que tenemos hoy. Hoy damos a un botón y tenemos aire fresco en nuestro vehículo, sólo hay que hacer una recarga de aire acondicionado de coche para revisar que todo está en orden y continuar conduciendo sin sentir que uno se derrite, como antaño.

Los primeros coches no se asemejaban a lo que hoy entendemos por vehículos ni a las prestaciones que hoy nos ofrecen. Anteriormente se trataban de coches que alcanzaban una velocidad de 20 km/h, que no estaban cerrados en cuanto a la carrocería, no eran confortables ni cómodos y tenían una imagen robusta, pero eran toda una revolución.

El siguiente paso fue cerrar el vehículo y conseguir un espacio resguardado de la climatología, con sus beneficios y sus contras, pues en verano llegaba a ser un horno ante la falta de aislamiento. Llevaron a cabo varios experimentos y pruebas para ver cómo podían alcanzar una mejor transpiración en el interior sin que supusiera que hubiese un aire irrespirable por el polvo.

Una de las apuestas más destacadas fue en el año 1884, cuando William Whiteley decidió poner en práctica un modelo de refrigeración que podría resultar inspirador para lo que hoy conocemos como aire acondicionado. Dispuso sobre el techo de un coche de caballos un contenedor con hielos y el movimiento de un ventilador conectado al eje favorecía que entrase aire fresco en el interior. Fue uno de los experimentos que revolucionarían la manera de enfrentarse al calor.

Tenemos que trasladarnos hasta el año 1939 para encontrar un sistema de refrigeración en los automóviles, tal y como hoy los conocemos, por Packard. Se conseguía rebajar el calor del interior del vehículo a través de un evaporador de grandes dimensiones que estaba ocupando todo el maletero, el cual se podía controlar a través de un conmutador del ventilador.

Como curiosidad, la firma Bishop & Babcok Co. de Cleveland (Ohio) fue la encargada de llevar a cabo la construcción de estos aires acondicionados y, no sólo eso, también incorporaron un sistema de calefacción. La unión de Packard y B&B dio lugar a los primeros vehículos con un sistema de temperatura controlable.

Fue tanta la revolución que causó este modelo que lo llegaron a publicitar con un eslogan que a día de hoy se sigue recordando: “Olvida el calor de este verano en el único coche con aire acondicionado en el mundo”

Posteriormente, ya en el año 1941, una firma automovilística -Cadillac- creó un sistema de refrigeración similar y lo incorporó a 300 vehículos. El resultado fue satisfactorio, aunque rudimentario, pues una de las desventajas más importantes era la cantidad de procesos que había que llevar a cabo para desconectar la ventilación. Pensadlo: detener el coche, salir del mismo, abrir el maletero y finalmente quitar la correa.

Con los años continuaron las investigaciones para mejorar tanto los vehículos y sus diseños como el sistema de refrigeración de los mismos y el aislamiento de sus partes. De ahí que poco a poco se fueran consiguiendo ideas más eficientes y cómodas, aunque no fue hasta 1970 que comenzaron a contar con sistemas mucho más avanzados. A partir de aquel año, y poco a poco, contar con un vehículo con aire acondicionado ya era algo más normalizado.

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