Escrito por Tendenzias

Venturi Atlantique (1987-1995), historia

El 400 GT fue la última versión de la fórmula Venturi, antes de que el proyecto terminara por derrumbarse. Fue una tragedia, porque los coches estaban muy bien diseñados y fabricados y eran fáciles de conducir. Al final perdieron por la marca… o por carecer de ella.

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Existe una regla no escrita que se aplica al mundo de la fabricación de los supercoches. Esta regla dicta que los cambios frecuentes de dirección y las quiebras regulares son esenciales para mantener una cierta mística. Piénsese en Lotus, Lamborghini o Bugatti y se comprenderá la máxima. Pero si se suman los juicios y las tribulaciones de estas tres compañías, todavía se estará lejos de la triste y lamentable saga de MVS, que más tarde se convertirá en Venturi.

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Todo empezó en 1974, cuando MVS (Manufactures de Voitures de Sport) exhibió su primer prototipo en el salón de París de ese año. Un inventor de Gérard Godfroy (antes con el constructor francés Heuliez) y Claude Poiraud (ex ingeniero de Alpine), el automóvil causó verdadera conmoción. Nadie esperaba ver este bólido alimentado por un Golf GTI entrar a fase de producción, pero el prototipo parecía muy bien construido y extraordinariamente diseñado. En esa etapa llevaba la marca Ventury, que más tarde se convirtió en Venturi como referencia al término aerodinámico.

Con una recepción tan positiva del vehículo, no pasó mucho tiempo antes de que alguien se pusiera manos a la obra e intentara desarrollarlo. El protagonista fue Hervé Boulan, un acaudalado financiero y entusiasta del automovilismo, que fue el primer presidente de MVS desde el verano de 1985.

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Pronto se le unió Hervé Le Jeune, quien dejo Citroen para tender la mano a MVS. Por desagracia, poco después la relación entre Poiraud y Godfroy se agrió, y el segundo salió de la compañía. Entonces apareció Jean Rondeau, ofreciendo dinero y una fábrica. Había ganado en Le Mans en 1980 y su participación dio un gran impulso a la credibilidad del proyecto. Pero cuando unos meses más tarde murió en un accidente, parecía que el proyecto estaba, una vez más, maldito.

Las cosas siguieron adelante pese a varios inconvenientes serios, y en el salón de París de 1986 se exhibió un vehículo revisado, con potencia de un V6 PRV (Peugeot/Renault/Volvo). Con capacidad de 260 CV (192 kW) parecía por fin listo para producción en 1987. A finales de año, se habían entregado 52 vehículos, pero la compañía no seguía el rumbo adecuado. Para cubrir gastos, necesitaría producir 200 automóviles al año. Aunque más caro que el A610 de Alpine (su mayor rival), y sin un legado histórico como tal, todavía había esperanzas para el Atlantique.

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En 1989 llegó a la compañía un nuevo jefe, Xavier de la Chapelle, que retiró el nombre de MVS y bautizó a los coches como Venturis. No sirvió de mucho, como tampoco una incursión en la Fórmula 1 en 1992. Un año más tarde apareció en 400 GT de doble turbo, con líneas inspiradas en el F40 de Ferrari y 406 CV (302 kW). Era un coche excepcional, pero demasiado exclusivo. La respuesta pareció consistir en un vehículo más asequible, así que se remodeló el Venturi 260 anterior para convertirse en Atlantique 300.

Éste era más redondeado que su predecesor y liberaba 281 CV (208 kW) con su V6 de 2.975 cc. Demasiado poco y demasiado tarde. En 1995, la empresa había entrado en bancarrota, aunque no tardó mucho en aparecer un salvador en la figura del grupo tailandés Nakarin Benz.

Venturi 300 Biturbo

Desde 1998, se ofreció una versión de doble turbo del 300, pero el proyecto había sufrido tantas salidas en falso que todo el mundo había perdido la fe en él. El siglo XX llegaba a su fin y los activos de Venturi se vendían a precio de saldo. Aun cuando se cedieron los derechos de producción (al inversor inmobiliario Gildo Pallance-Pastor, asentado en Mónaco), el Atlantique parecía destinado a desaparecer del mapa.

Atlantique Carrera

Sin embargo, aquel no fue el fin de la marca Venturi. En el Salón de Ginebra de 2002 se exhibió un pequeño descapotable de dos plazas con este nombre, Fétish, se parecía en su concepción al Lotus Elise. Pero las semejanzas con su homólogo británico empezaban y terminaban en que iba alimentado con electricidad y costaba en torno a medio millón de euros.

Así que las posibilidades de que sigan fabricándose Venturis son prácticamente nulas. Ahora la firma sigue en pie, pero sus modelos no logran sorprender.

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