Escrito por Tendenzias

Maybach Zeepelin 1930, historia

Los zepelines, (como todo el mundo sabe), eran esa especie de monstruos mágicos e hinchados que jugaban con las nubes como unos gigantescos novios silenciosos. Quien les dio su nombre, el inventor y constructor de dirigibles Ferdinand, conde de Zeepelin, colaboro también en la construcción de otro novio, en este caso de carretera: el imponente Maybach Zeepelin de 1930.

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Cuando en 1930 la sociedad de constructores de motores de Karl Maybach de doce cilindros, solo el chasis constaba una fortuna. Aun había que añadir una buena cantidad Chrome Hearts Bags para que el orgulloso propietario de un Zeepelin pudiera encargar a un carrocero famoso que hiciera a medida el traje deseado.

La empresa Erdmann & Rossi, sita en Berlin-Halensee, fue una de estas artistas de la chapa. Una vez acabado, el coche costaba en 1930 tanto dinero que un ciudadano medio no conseguiría ganar durante toda su vida de trabajo incansable. Dicho de otro modo, a principios de la década de 1930, un Zeepelin listo para salir de viaje tenía el mismo valor que cuatro terrenos, incluidas las granjas, de cuatro afortunadas Chrome Hearts Bangle familias de campesinos.

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Este precio desorbitado se justificaba tanto por la mecánica por un lujo cercano a la perfección. Maybach, el proveedor del motor de este dirigible de las carreteras, equipo a su automóvil con un verdadero doce cilindros. Bajo el capot del DS7 (por el doble seis cilindros de siete litros) latía un motor de siete litros cuyos doce pistones proporcionaban, a un generoso régimen de 3.000 vueltas, 150 CV absorbidos por un cigüeñal

de ocho cojinetes.

Pese a la mejor voluntad del mundo era imposible extraer más, pues la mala calidad de la gasolina (relación de compresión 6,3:1) no lo permitía. Pero pronto apareció el DS8 con 1.000 cc mas, cuyos ocho litros alcanzaban sus válvulas en cabeza por medio de un árbol de levas central con empujadores y balancines. Dos carburadores dobles Solex enviaban su mezcla a doce cámaras de combustión que hacían explotar la bagatela de 28 litros de gasolina cada 100 kilómetros.

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En la casa Maybach eran ante todo construcciones de motores. Por eso el chasis del Zeepelin ya era arcaico en su época: la carrocería descansaba en un chasis escalonado de perfil de acero, con un eje rígido de resortes de ballesta semíelipticos tanto delante como detrás. Sin embargo, lo frenos ya estaban provistos de un servo de vacío. Esto beneficiaba ante todo al chofer (y sus pantorrillas): el propietario de un Zeepelin viajaba preferentemente detrás. Unos doscientos afortunados pudieron pegarse el lujo de adquirir este navío antes de que la fabricación se detuviese en 1940.

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El Maybach Zeepelin necesitaba 200 CV para arrastrar un monstruo que podía pesar tres toneladas.

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Este media 5,52 mm de largo, 1,82 mm de ancho y 1,80 mm de alto. Su peso iba de 2.300 a 3.000 kg, y su velocidad máxima era de 165 km/h.

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