Escrito por Tendenzias

Chevrolet Impala 1958, historia

También la industria americana tiene tendencia a inspirarse en la fauna cuando se trata de dar nombre a un producto. ¿El bautizo siempre es el adecuado? ¡Eso es otra historia! El Chevrolet Impala de 1958, por ejemplo, debe su nombre a un tipo de antílope africano, pero se parece más a un gran dinosaurio que a uno de esos gráciles cuadrúpedos.

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La cosecha 1958 de la gama Chevrolet presentaba no menos de 17 variantes de modelos. Íntegramente renovado, el programa Chevy se resumía visualmente en carrocerías de grandes dimensiones que debían obligatoriamente hacer pensar a Cadillac.

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La Premium Mark del grupo General Motors adoptaba, como un año antes, las tendencias estéticas vigentes de la época, mientras que la marca popular Chevrolet (especie de Volkswagen a al estadounidense) podía enarbolar orgullosamente sus lazos de parentesco técnico con la gama de lujo más costosa. El mejor ejemplo es el Impala.

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El nombre de Impala se aplica, en el seno de la gama Bel Air, tanto al coupe como al cabriolet. El modelo de 1958 es una gigantesca nave dotada de largos alerones, un crucero de carretera que representa y simboliza la era americana del automóvil.

Este gigantesco coupe de dos puertas impresionaba ya por sus dimensiones; una longitud de 5.31 metros y una anchura de casi dos metros suponían una superficie sobre el suelo de más de diez metros cuadrados, es decir, lo mismo que muchas habitaciones de niños. Con una carrocería notablemente más baja que el modelo anterior (1,42 metros), el Impala tenía unas líneas dinámicas que impresionaban mucho a la clientela.

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El techo plano, con su parabrisas y su vidrio trasero envolventes, unido a la largas barritas decorativas de cromo que recorrían casi toda la longitud del coche subrayaba la poderosa silueta del coupe.

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Las imponentes aletas traseras concordaban perfectamente con los pequeños alerones sobre las alas delanteras, que coronaban los faros dobles situados sobre un gigantesco revestimiento del radiador cromado.

Bajo el capot, el Impala estaba absolutamente en consonancia con la prosperidad americana de finales de la década de 1950. Su motor de ocho cilindros en V de construcción simple (opcionalmente se ofrecía también un seis cilindros en línea), tenia 5,7 litros de cilindrada. Las válvulas se movían con un sistema hidráulico y el carburador doble Rochester aseguraba una potencia de 220 CV.

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Este poderoso coupe obtuvo un éxito clamoroso, puesto que solo durante el año 1958 más de 200.000 unidades llegaron hasta una clientela convencida.

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